Descubriendo PRAGA

Día 5 de abril, después de pensárnoslo mucho, partimos hacia la República Checa, Praga nos espera. Todo el mundo ha estado en Praga, todo el mundo habla de Praga y, ni Manu ni yo habíamos estado nunca en esta ciudad. Ya teníamos ganas de aterrizar y empezar a saborear la capital de Bohemia. Nuestro vuelo fue bastante cómodo, el avión medio lleno y asientos en las salidas de emergencia.  La compañía checa nos ofreció incluso un pequeño bocadillo y bebida, aparte de amabilidad, todo un detalle en estos tiempos que corren.

Nada más llegar al aeropuerto nos dirigimos a la cabina de información turística para recoger nuestros “Praguecards” que nos permitirían entrar a la mayoría de monumentos y utilizar todo el transporte público durante cuatro días. Una vez controlada la ciudad, realmente no era necesario, pues unos largos paseos te acercan a todos los rincones de interés.

Después al taxi y al hotel reservado en pleno centro de la ciudad, el U Tří Bubnů (literalmente, “En los tres tambores”).

El hotel ocupa una casa fechada en 1406, por lo que nos encontramos con espacios estrechos, escaleras empinadas (nada de ascensor).  La cuestión de la amabilidad checa mejor la dejaremos aparte. La habitación bastante amplia con un baño algo estrecho, y con vistas al interior de la misma manzana donde está el reloj astronómico en la plaza vieja.

Nada más llegar nos lanzamos a respirar el ambiente de la plaza vieja y ver ese famoso reloj. Al ser domingo, pensamos, la plaza está abarrotada… Da lo mismo, cualquier día, siempre abarrotada.  A cada hora la gente se amontona alrededor del reloj astronómico para ver asomarse a los apóstoles por las ventanitas y a la calavera mover la campanita que anuncia la fugacidad de la vida.  Así lo hicimos también nosotros, al menos una vez había que ser testigo de esa tradición.

Old City Hall

Una vez cumplida, y con el estómago vacío nos acercamos al mercadillo de Pascua para reponer fuerzas. Después de ojear la oferta gastronómica nos decidimos por un jamón que tenía muy buena pinta y parecía ser algo típico del país. No fue una buena opción, el sabor bueno, pero demasiado tostado por fuera y crudo por dentro, mucho nervio y poca chicha. Para el postre una especie de rollo bañado en azúcar y hecho lentamente al fuego; buen sabor, pero seco como la coca de mollitas alicantina.

La plaza de la ciudad vieja es todo un espectáculo. La riqueza de su arquitectura, los colores, las terrazas, todos los rincones son dignos de ser disfrutados con calma.

Al final de la tarde comenzaron a levantar las nubes y la luz de la puesta de sol hizo que los edificios fueran todavía más mágicos.

Týn Church and the Clock Tower

Buena opción habíamos hecho. A pesar de tanto turista, la ciudad vale la pena.

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